May 27 2010
¿Son tan malos los ortodoncistas?
Cuando leo la cantidad de comentarios consultando multitud problemas con ortodoncias en curso o terminadas, me pregunto si verdaderamente somos unos incompetentes a la hora de diagnosticar, tratar y mantener un tratamiento de ortodoncia. Asimismo, los lectores del blog que lean la cantidad de comentarios pueden extraer las mismas conclusiones, con la posible formulación de la pregunta ¿y para qué nos hacemos una ortodoncia?
Si nos atenemos a que este blog tiene 500 entradas al día, muchos de esos comentarios pertenecen a todo tipo de gentes, formas de tratamientos en la extensión del mundo hispano, incluyendo Estados Unidos. Ello implica que los comentarios a los problemas son una mínima parte de la cantidad de ortodoncias y ortodoncistas que hay en el mundo hispano, y por tanto, no conviene generalizar, a pesar de la tentación de hacerlo. Solamente que un ortodoncista tenga un caso problemático con un 90% de éxitos en su casuística,y este problema se vea reflejado en el blog, las estadísticas generales de fracasos de ortodoncia parece que cambian.
El problema de la ortodoncia es la variedad de opciones de diagnóstico y tratamiento que existen, con el consiguiente servicio de mantenimiento que ofrece cada ortodoncista. Aunque se pretenda que la ortodoncia sea una ciencia no deja de ser muy experimental, en el sentido de que muchos de los parámetros empleados en el diagnóstico son subjetivos, en lugar de ser objetivos, como exigiría un riguroso control científico. Por ejemplo, si un cliente va a consultar a un ortodoncista por un problema de maloclusión, este le puede decir que hay que hacer extracciones, otro le dirá que no es necesario y otro le explicará que hay que hacer stripping, sin contar el tipo de brackets y mecánica a usar. Aquí la oferta es muy amplia para confundir todavía más al cliente. Que si damon, que si invisalign, clarity, ovation, MBT, Roth, Alexander, incógnito, lingual jet, por citar algunas rápidamente. Con esto, lo que se consigue es que el cliente desconfíe de cada ortodoncista, porque la presentación de productos y servicios para ofrecer a los clientes es casi más amplia que la de relojes suizos en el mercado.
Creo que la única solución es que el cliente esté muy informado antes de ir al ortodoncista y decidir qué tipo de tratamiento va a escoger. Tiene que saber los pros y los contras de cada opción de una manera muy clara. Además, el cliente también tiene que saber lo que quiere, no solamente que se arreglen los dientes, sino sus cambios en el perfil, la mejoría en la masticación, la aspiración final de su sonrisa. Estos factores no los puede dejar al aire del ortodoncista de turno, precisamente por la subjetividad del tratamiento, con lo cual se puede diseñar un tratamiento de ortodoncia más o menos a la carta. Dejar todos los parámetros de evaluación al ortodoncista, sin ser interactivos en ese proceso, puede ser uno de los factores para el fracaso del tratamiento de ortodoncia. Por último, la información y evaluación de todo el protocolo tiene que ser revisada por ambas partes durante el tratamiento, por si es necesario variar el curso proyectado. Con este planteamiento será muy difícil que el proceso no llegue a buen término, ya que el consenso y la determinación para el objetivo final es mutuo.