Feb 12 2010

Cirugía maxilo-facial y ortodoncia

Publicado por Gilberto Salas en Filosofía

Hoy en día muchos casos de maloclusión esquelética, se tratan con ortodoncia previa y posterior a la cirugía maxilo-facial como un tratamiento conjunto. Para diagnosticar un problema de cirugía maxilo-facial, se practican una serie de criterios que proceden de unos parámetros cefalométricos, es decir, de la medición de ángulos y distancias óseas en trazados radiográficos, que la mayoría de veces, la decisión final se encomienda a un programa informático. Todo esto parece muy científico, pero origina muchos problemas en el resultado final.

Hace unos años vino a España un ortodoncista americano llamado Roth, que con su técnica personal proponía unos parámetros muy rígidos en sus mediciones cefalométricas para el diagnóstico de los casos quirúrgicos. Si se ponían en práctica esos parámetros, casi todos los españoles en tratamiento de ortodoncia deberían de sufrir una intervención maxilo-facial. Muchos ortodentistas y cirujanos se adhirieron a sus teorías, operándose solo por tener una ligera clase III si así lo indicaban los ángulos y datos de la radiografía. El resultado fue que muchos cirujanos adquirieron una gran pericia quirúrgica y los ortodentistas empezaron a tratar más casos complicados, que nos derivaban desde los servicios de cirugía maxilo-facial. En cuanto a los pacientes, muchos de ellos pagaron las consecuencias de la descoordinación entre los cirujanos maxilo-faciales, ya que eran pacientes de la seguridad social que en España acoge este tipo de intervenciones, y los ortodentistas de la práctica privada.

La realidad clínica es que lo que parece ser un caso de cirugía maxilo-facial porque los datos corroboran los parámetros previos para diagnosticar un caso para cirugía o no, puede ser tratado con una simple ortodoncia. Si dejamos de lado el viejo paradigma de las clases de Angle y nos centramos en el perfil y la sensación que nos ofrece un rostro, no encuentro la necesidad de variar una cara solamente por el hecho de contentar a Angle y a Roth. Problemas de mordida abierta, mordida cruzada anterior, protusión maxilar, etc. pueden muy bien camuflarse sin necesidad de unos cambios faciales, que muchas veces no son necesarios, ya que no suponen una mejoría estética. Otra historia es que si existe una prognatismo mandibular acentuado y el camuflaje no consigue enmascarar el problema, además de ser clara la mejoría estética, entonces me parece factible el tratamiento. Eso sí, siempre como último recurso.

En ese caso, la mejor forma de abordar el problema es que cada ortodentista trabaje con un cirujano de su confianza, pero dentro de la medicina privada. De esa forma, existe una comunicación directa entre el ortodentista y el cirujano maxilo-facial en beneficio del cliente. El ortodentista trasmitirá al cirujano la importancia de conseguir un perfil adecuado, considerando las opciones quirúrgicas dentro de esa línea de actuación. No debe de ser el cirujano el que tome esta determinación, ya que es el ortodentista el que está trabajando el sistema dinámico, para que un software decida por todos. Asimismo, el ortodentista está abierto a los límites de la cirugía que puedan ser expuestos por el cirujano y aconseje lo que es más adecuado para el cliente.

Una última consideración. En mi práctica clínica, considero muy importante que el ortodentista acuda a la intervención de su cliente y eso solo se consigue en la medicina privada. Las ventajas son que el cliente no está sujeto a posibles veleidades de última hora, en un momento tan puntual como es recolocar la posición de los maxilares en un segundo, es decir, la ortodoncia instantánea. Asimismo, hay un reparto de responsabilidades de la intervención con el cirujano, estando el cliente mucho más confiado con una persona que ha visto durante más tiempo, que con otra a la que solamente ha tenido ocasión de ver un par de veces. Bueno, para eso me paga, para que realice lo mejor que yo considere para él.

gilberto@ortodonciadiaadia.com

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Ene 15 2010

La inteligencia emocional en la ortodoncia

Publicado por Gilberto Salas en Perspectivas

El éxito de un ortodentista se expresa en la cantidad de inteligencia emocional que posee. La inteligencia emocional es un constructo inventado por D. Goleman, que consiste en la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos. Esta capacidad implica el manejo correcto de las relaciones emocionales entre médico/paciente o ortodentista/cliente.

En los servicios públicos que pertenecen al Estado, es notoria la falta de inteligencia emocional que existe entre los profesionales de cada rama. Desde los enfermeros a los médicos, pasando por los celadores y demás, la atención al paciente suele estar deprovista de un conocimiento y manejo de las emociones. El trato a la persona, por regla general, es deshumanizado y muchas veces cruel. Una vuelta por los servicios de oncología de los hospitales de España, que es donde hay que aplicar toda la inteligencia emocional al paciente, nos daremos cuenta que recibe toda clase de tropelías emocionales, que conllevan a un estado de ánimo no suficientemente bueno para afrontar su enfermedad. De todas formas, Goleman describe casos muy parecidos en USA, lo cual implica que no es solamente en la sanidad pública sino también en la privada.

La falta de inteligencia emocional también existe en la dentistería, y en concreto, en la ortodoncia. Las visitas suelen ser rápidas, con el paciente tumbado, al que accede el ortodentista sin que muchas veces casi ni se le salude. El profesional realiza su trabajo, explica a la enfermera lo que tiene que hacer y se va a otro sillón a continuar su mecánica tarea. El cliente/paciente se transforma en un tipodonto bajo los ojos del profesional, sin prácticamente establecer ningún lazo emocional, unas veces debido al exceso de trabajo, otras por el estado anímico y las demás por la rutina de una tarea robotizada.

El problema es debido a que muchos ortodentistas suponen que el cliente/paciente acude a sus consultas por sus conocimientos y sabiduría técnica, expresión de una gran inteligencia lógico/racional, pero la realidad no es esa. Muchas personas escogen por primera vez a un profesional por diferentes motivos, por precio, por comodidad, por publicidad de un tipo de tratamiento específico, por el boca a boca. Pero el ortodentista que se mantiene es el que puede transmitir y manejar los sentimientos de sus clientes, más que ofrecer un alto grado de servicio técnico, que la mayoría de las veces es una utopía. Los ortodentistas excesivamente racionales interiorizan un juez muy rígido, que les obliga a enfrascarse en una lucha con ellos mismos para conseguir un tratamiento idealizado, sin comprender las necesidades emocionales de la persona a la que está tratando. El cliente requiere una buena información, un trato correcto y empático, una comprensión ante las molestias de un tratamiento largo y un resultado estético agradable para sus relaciones sociales.

Los ortodentistas racionales no entienden este tipo de contacto humano, ya que no poseen esa inteligencia emocional para transmitir y manejar todo tipo de situaciones emocionales, que sin duda surgen durante el dilatado proceso de relación con todas las personas que tratan. Por eso, muchos de ellos se preguntan cómo sus consultas se vacían y en cambio el advenedizo de la esquina, sin sus grandes conocimientos y su saber hacer, llenan sus consultas en pocos años y en época de crisis las mantienen. La respuesta es obvia. Estos nuevos profesionales, además de poseer buenos conocimientos, factor indispensable, tienen un valor que les hace altamente competitivos, la inteligencia emocional.

En conclusión, no solo la experiencia ni una amplia casuística modelan al profesional de éxito. Si bien estos factores son claves para conseguirlo, sin inteligencia emocional es muy difícil que hoy en día se pueda mantener una consulta solo con grandes conocimientos ortodónticos. Se necesita algo más que saber usar una técnica o colocar un alambre y este algo más es la empatía, lo que Goleman llama inteligencia emocional.

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Mar 08 2009

Los ortodentistas no somos franquicias de las grandes corporaciones

Publicado por Gilberto Salas en Filosofía


Juntor 3 de bronce

Desde que Andrew introdujo las prescripciones en los brackets, todos los ortodoncistas y dentistas del mundo que usamos cualquier técnica de arco recto, nos hemos convertido en franquicias. Para un ortodoncista-genio como estos, es muy jugoso registrar un copyright con unos brackets, colocar su nombre, aliarse con una gran compañía y a vender.  Aun así, en estos momentos, un bracket de Alexander, que son los que yo uso, me cuesta igual que un bracket universal, con la ventaja de que lleva incorporado los movimientos de primero, segundo y tercer orden. Además, las diferentes prescripciones permiten ciertas excepciones, como utilizar arcos propios o dobleces de nuestra propia cosecha. El problema ahora es que las técnicas de auto-ligado como la Damon, o la de ortodoncia lingual como Incógnito o la de ortodoncia invisible, como Invisalign, lo que pretenden es que el ortodoncista o dentista se convierta claramente en una franquicia de estas grandes corporaciones, y que sea como un Mc Donald o un Starbucks.

Hoy en día el ortodoncista muestra orgulloso su diploma-franquicia  que indica que usa Damon o Invisalign, cuando en realidad se ha convertido en un nuevo Burger King.  Además, las grandes corporaciones están logrando que la marca no sean las habilidades del propio ortodoncista, al cual le ha costado tanto conseguir, sino las ventajas de utilizar tal o cual técnica o bracket. Así, los clientes van buscando un ortodoncista que use Damon, Invisalign, Incógnito o Clarity, en lugar de buscar una marca fiable que es el ortodoncista que con su trabajo dedicación y esfuerzo se ha hecho el mismo un nombre, que es su marca personal. 

Y lo peor de todo es que estas grandes corporaciones, usan el marketing tombolero para engañar tanto al ortodoncista como al cliente. Por ejemplo con los brackets de autoligado de Damon. No hay ningún estudio serio que diga que los brackets Damon son más rápidos y fiables que cualquier otro incluido los universales. El secreto está en usar los nuevos alambres tanto de Ni-Ti-Cu, como los térmicos que cambian su estructura cristalina con la temperatura. Con los brackets linguales sucede casi lo mismo o con el Invisalign, ya que las planchas de propileno se pueden usar bajo un protocolo de movimientos diseñado y fabricado desde la propia clínica. sin necesidad de mandarlo a USA. ¿O es que el ortodoncista no sabe mover los dientes en un modelo, calculando recorrido, distancia, torque, etc.?

Claro está que parece que un software va a hacerlo mejor que la experiencia e intuición propia, pero eso no es así. Quien está manejando las múltiples variables que se encuentran en la clínica no es la compañía americana sino el ortodoncista de a pie. El perjudicado de todo ello es el cliente, ya que cada vez más los tratamientos de ortodoncia se están encareciendo gracias a la entrada de estas grandes corporaciones, que usan sus marcas de un modo selectivo para crear una demanda y convertirnos en sus franquicias. Por ello, les interesa que el ortodoncista tenga los menos estudios posibles y se conviertan en sus franquicias. Ahora bien, desde mi propio pensamiento agorista, no me importa si un protésico, un chamán o un mago haga ortodoncia mientras sepa lo que hace y beneficie al cliente con un buen precio o servicio. Si tiene algún problema que le caiga todo el peso de la ley, no la del colegio sino la del juez (no del Estado claro), pero si abarata costes y no enriquece a estas grandes compañías, pues la verdad, lo prefiero.

La ortodoncia es una de las ciencias más difíciles del mundo experimental y caer en el engaño que están ofreciendo las grandes corporaciones de ortodoncia es ir en contra de los intereses del cliente, que al fin y al cabo es el que debería de beneficiarse de un mejor precio. Por ello, creo que el futuro está en los brackets de sinterizado que permiten la prescripción individual, del ortodoncista para el cliente. Con ello y a través de un software fácil de usar, se diseña un bracket, sea lingual o vestibular, con la dimensión, dobleces incorporadas, slots, superficies de grabado, etc, después del diagnóstico individualizado. Estas máquinas de sinterizado ya están siendo utilizadas para cofias de metal-cerámica, pero los dentistas no saben usar los programas para el desarrollo de estos brackets. La ventaja es que los pueden fabricar en el taller más cercano que usen este tipo de maquinaria y tecnología. De esto ya os hablaré en profundidad sobre la posibilidad de hacer el software de uso clínico.

Lo mismo sucede con el Invisalign. Si el ortodoncista, que sabe muy bien la biomecánica tanto de superficie como de profundidad, pudiera utilizar un programa como el clinkcheck que se usa para la ortodoncia invisible, pero adaptado a sus necesidades, se podrían abaratar los precios en beneficio del cliente, dando más trabajo local y apartando a las grandes compañías. Esto es favorecer a la tienda de al lado, en contra de El Corte Inglés o el Mercadona de la ortodoncia.  

Nosotros, gracias a nuestra compañia de relojes tenemos esta tecnología y la posibilidad de desarrollar estos softwares, aunque de momento no nos hemos dedicado al asunto, ya que estamos volcados en los nuevos diseños de los Juntores. Pero puede que el año que viene empecemos a hacer algo de esto. Ya veremos lo que nos depara el éxtasis de futuro.   

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