A raíz de unos comentarios de M. Villa del Consejo General de Dentistas CGD en mi blog, voy a realizar una revisión sobre la eficacia del Botox en el ámbito de la medicina, labor que por otra parte, debería de ser más propia del comité científico del CGD. En mi contestación, intento aportar datos de las revistas que la avalen y no meros exabruptos fruto de los que no tienen argumentos para defenderlos.
El problema surge cuando Manuel Villa realiza unas declaraciones a los medios de comunicación, denunciando el uso de la toxina botulínica para la sonrisa gingival a la Clínica Planas, porque supone que es un alto riesgo para la salud. Estas declaraciones son consideradas por mí como demagógicas, propias de un oportunismo político con pretensiones de notoriedad, ya que no se sustentan por la actualidad del uso del botox en la comunidad médica internacional, como bien le contesta en El País Rafael Serena responsable del tratamiento.
La sonrisa gingival consiste en una exhibición excesiva de la encía del maxilar superior, que en muchos casos compromete la autoestima estética de quienes la padecen. Se suponen muchos los factores etiológicos, como óseos, musculares, gingivales, pero existe un alto grado de relación entre la hipertonicidad de los músculos elevadores del labio, que implican al elevador común del ala de la nariz y del labio superior, el canino, el zigomático menor, el zigomático mayor y el depresor del septum nasal. Para su tratamiento se ha recurrido en muchos casos a la cirugía. M. Polo describe las técnicas quirúrgicas con sus complicaciones, que a mi juicio, suponen un problema para la persona tratada más que una solución de su sonrisa. Alguna de estas soluciones eran, hasta ahora, las que se practicaban en las clínicas de la dentistería. Con la introducción del botox, estas soluciones quirúrgicas tan radicales, deberían de dejarse al margen en beneficio del consumidor, que es quien las padece. El Botox es una marca registrada de la toxina botulímica A, cuya acción astiespástica y de parálisis muscular es utilizada para diferentes tratamientos clínicos como son el estrabismo, hipersudoración, blefarospasmo, pacientes de ictus con espasticidad en el brazo, etc. Actualmente el campo de investigación de la aplicación de la toxina botulínica es muy amplio. Por ejemplo, en el tratamiento no quirúrgico de las fisuras anales, , lesiones de codo, distonías de la laringe, desordenes gastrointestinales, etc. Todos ellos problemas más complicados que el de una sonrisa gingival, lo que demuestra que la investigación para la utilización médica de la toxima botulínica domina todos los campos de la medicina y no solo los elevadores del labio superior. Ahora bien, ¿hasta qué punto están avanzadas las investigaciones en el campo de la estomatología? Una ligera revisión nos indica que no solamente se está investigando la eficacia de la toxina botulínica en el elevador de labio. Por ejemplo, en las complicaciones de la cirugía parotidea con las alteraciones del gusto, la toxina botulínica ha demostrado su eficacia y seguridad. La reducción del volumen del masetero, donde la solución quirúrgica era el tratamento optativo, se ha visto que con la inyección de botox se consigue una atrofia del mismo con disminución del dolor. En personas con actividad involuntaria de los pterigoideos laterales con incapacidad de protusión y lateralización, fueron tratadas con toxina botulínica mejorando su masticación. Se ha presentado un caso de uso de la toxina botulínica en un problema de severo bruxismo en un paciente con autismo, donde se explica una reducción de la gravedad del problema. Se han presentado otros dos casos tratados con toxina botulínica, con severos desplazamientos del cóndilo de la articulación y clicking con mejoría en la posición del disco. Todos estos casos enseñan que la investigación del uso del botox en la dentistería no se limita una simple sonrisa gingival, sino que se aplica a los intentos de resolver problemas de mayor envegadura, lo que supone una gran expectativa en el uso y tratamiento de la toxina. Por tanto, es difícil entender que la toxina botulínica sea tan nociva como Manuel Villa nos pretende hacer creer. Villa habla de fallecimientos y muertes ocasionadas por el Botox, pero no presenta ningún artículo sobre el asuntoLi M, Goldberger BA y Hopkins detallan un caso de muerte por administración de Botox con lidocaína en una mujer con dolor crónico de cuello y espalda . Li M, Goldberger BA, Hopkins C detallan un caso de muerte por administración de botox con lidocaína en una mujer con dolor de espalda y cuello crónico especulando la posibilidad de un choque anafiláctico pero sin asegurar que era debido exclusivamente al Botox (12).La conclusión no es suficiente para considerar al Botox una droga que deba de ser prohibida por un solo caso de anafilaxis. Bastante lejos de la psicosis que nos trasmite M.Villa. Los estudios sobre la seguridad del Botox en sus diferentes presentaciones en el mercado son abundantes. Niansus presentaba en el 2003 mas mil y pico casos de cosmética de aplicación del botox, aseverando que era si utilización era bastante segura. Ya conocemos los estudios de Polo sobre el asunto, más actualizados en su publicación del 2008. Wieder explica el uso y seguridad del botox está relacionado por el uso clínico y el conocimiento de la anatomía de la zona. Hay muchísmos más artículos que explican la seguridad del botox, pero que inciden que debe de existir un gran conocimiento médico de las implicaciones de la administración de la sustancia, que por otra parte es lo mismo que explica al Agencia de medicamentos de España. ¿Cómo está el asunto en España sobre la investigación de la toxina botulínica? Hay un artículo publicado que sea donde se explica el uso del Botox, las diferentes marcas registradas en España. El artículo es del 2003 presentado en la Revista de Neurología, que es el que se basa la Agencia de medicamentos y productos sanitarios del Ministerio de Sanidad de España. Un solo artículo como referencia, que para nada prohíbe el uso del Botox, sino que especifica que debe de ser administrado por médicos (no por odontólogos y aquí está el problema M. Villa). Ya ha llovido bastante desde la aparición de este artículo en el 2003. Asimismo, existe un trabajo de investigación sobre la rehabilitación del latigazo cervical con toxina botulínica en Pontevedra, pero publicado en una revista inglesa. Seguramente, habrán muchos más artículos sobre el tema, pero no creo que sea labor mía la de explicar al Comité del CGD y menos con la limitación que supone un blog clínico, lo que hay que mostrar a su presidente para que hable con propiedad científica y no desde la improvisación y la demagogia política, con el objetivo de agradar a sus otros titulados. Y por último, M. Villa tiene que comprender que “la tierra, sin embargo, se mueve”, a pesar de los intentos en desinformar y alarmar a la población, en lugar de explicar los efectos de no ser administrada la toxina botulínica por médicos capacitados para ello, con el equipo adecuado para su utilización, que no son los que los propaga de un modo tan inquietante.
Un saludo
Gilberto Salas Abad
Español de a pie
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