



A pesar de que no existen evidencias científicas claras de la influencia genética de las maloclusiones, no se duda en considerar este hecho como básico dentro de las etiologías de los problemas de ortodoncia. El asunto influye considerablemente en el diagnóstico de cara al cliente por muchas situaciones. Una de ellas el grado de culpabilidad inherente a la procedencia genética de alguno de los progenitores. Otro es el determinismo que ocasiona un diagnóstico genético, lo que condiciona un factor de necesidad, es decir, que es inmodificable. Si un niño con protusión mandibular se le diagnostica el problema como causa etiológica genética, es posible que se recurra poco a la ortodoncia o si se recurre, la angustia que causa el diagnóstico tan determinista, puede condicionar un crecimiento y desarrollo personal y de relación parental.
Desde que Eibl-Eibesfeldt estudió los comprotamientos humanos como etología, comprobó que hablar de heredabilidad era hablar de adaptaciones filogenéticas. Lo que se hereda genéticamente es una adaptabilidad al medio, que en el caso del niño empieza a través de la trasmisión visual. Melanie Klein explicó muy bien las fases en que el bebé copiaba los gestos de sus padres, Bolwby también confirmó esas pautas de copiar los rasgos y de adaptabilidad, lo que implicaba que las posibles formas de los padres, protusiones, degluciones o formas de sonreir podrían ser copiadas por los bebés.
Este problema yo lo veo muy a menudo en la clínica, incluso en pacientes adultos, que retornan a hábitos de deglución atípica con el estrés, como si de una regresión freudiana se tratara. En el AJODO de septiembre del 2009, Ovsenik de Eslovaquia presenta un artículo sobre la influencia de los patrones de deglución en la mordida cruzada, llegando a considerar que el 20% de los casos que estudió era debido a ello. La solución, por supuesto, pasa por estar concienciado del problema tan grande que supone la deglución atípica tanto en el crecimiento como en los movimientos de ortodoncia.
Incorrect orofacial functions until 5 years of age
and their association with posterior crossbite
Maja Ovsenik
Ljubljana, Slovenia
Introducción: Además de la herencia, los hábitos de succión, dificultad respiratoria nasal, y los patrones de la deglución atípica se consideran factores importantes en la etiología de la mordida cruzada posterior. El objetivo de este estudio fue evaluar las funciones orofaciales irregulares para determinar su correlación con mordida cruzada posterior. Métodos: doscientos cuarenta y tres niños fueron examinados en las edades de 3, 4 y 5. Irregular funciones orofaciales y morfológicas rasgos de la maloclusión fueron evaluados clínicamente. La prevalencia de mordida cruzada posterior y la relación con la incorrecta funciones orofaciales, fue determinado. Los datos fueron analizados mediante el test de chi-cuadrado y repite las medidas de análisis de varianza (ANOVA). Resultados: La mordida cruzada posterior a los 5 años de edad fueencontrado en 20% de los niños pequeños. La mitad de los niños de mordida cruzada había chupar chupete o fueron alimentados con biberón. El uso del biberón disminuyó durante de los años de observación, pero la succión del pulgar, deglución atípica, respiración bucal y persistió. Respiración bucal y el comportamiento de succión se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre la mordida cruzada y los grupos de sin mordida cruzada de los niños. Los patrones de deglución atípica mayor en niños con mordida cruzada y disminuyó en los que, sin mordida cruzada. La diferencia fue estadísticamente significativa (repetidas medidas de Anova, p 5 0,038). Conclusiones: Cada examen clínico de los niños en la dentición temporal con los hábitos de succión debe incluir la evaluación de las funciones orofaciales, especialmente en el patrón de la deglución, que resultó ser un factor importante en la etiología para el desarrollo de mordida cruzada posterior. (Am J Orthod Dentofacial Orthop 2009; 136:375-81)